Sobre la navidad y el fin de año

Bueno. Cómo no hablar de las fiestas navideñas.
¡¡Las detesto!! Mucho. Todo se vuelve más caótico de lo que normalmente es. El fin de semana pasado tuve la grandiosa idea de ir a comprar algunos regalos de navidad a Centro Santa Fe. Me fui temprano según yo para encontrar poca gente. Aja. Como a las 11 de la mañana ya estaba entrando al estacionamiento, que ya estaba cargado de coche. Luego incicié mi recorrido para buscar los dichosos regalos. Por ahí de las 11.30, ya estaba atascado de gente que va caminando tan lento que por poco y retroceden en el tiempo, y que además van en manadas de entre 4 y 12039847210398471238 personas, entonces no puede uno pasar y se tiene que ir chutando la conversación, y cuidando de los escuincles que traen las manos y la cara llenos de helado o paleta y al menor descuido ya tiene uno el pantalón todo manchado y pegajoso. Luego trata uno de entrar a una tienda y todo está revuelto. ¿Acaso es muy difícil ver las cosas y volveras a poner en su lugar? De por sí los pobres empleados en cuanto empieza a haber más gente de lo normal se les pone la cara de venado lampareado a media carretera y no saben ni para dónde moverse, luego si uno está buscando algo que ya les cambiaron de lugar, pues ya valió. A ver a qué hora aparece.

Para no hacer el cuento tan largo, terminé comprando UN solo regalo, que estuve a punto de dejar y salirme de la fila de la caja porque nuuunca falta el uei que llega a pagar una docena de cosas y “estas dos me las cobra de esta tarjeta, y este se lo pago en efectivo, y luego de estos cuatro me cobra la mitad en vales y la otra mitad en efectivo pero le pago con otro billete para que me dé cambio… ” ¡Carajo! qué ganas de enredarse la vida y hacer pelotas al pobre individuo que le está cobrando, que además por estar echando novia con la monita de junto le cobra con la tarjeta lo que era en efectivo y de aquí a que viene el supervisor y le explican y hace la cancelación, pues ya más bien era hora de comer.

Por supuesto que ni el intento de entrar a la zona de comida rápida. Si los fines de semana comunes y corrientes es imposible encontrar una mesa ahí, menos en las pre-navidades. Me dirigí pues a mi autonave roja y me dispuse a emprender el regreso a casa. La fila para salir del estacionamiento. Como 20 minutos nomás para llegar a la ventanilla. Y yo con un solo regalo comprado, asi que todos me disculparán, pero sus regalos de navidad este año tampoco van a llegar. Y conste que hice el intento.

Además, me cae tan mal el grado de hipocresía de tanta gente… y peor, las cenas y comidas de fin de año. ¡WACALA! A donde vaya uno está hasta el gorro, la comida es mala casi por regla porque con tal de sacar algo lo sacan como sea, si las botellas de alcohol normalmente están infladas de precio, las suben a las nubes.

Ahora ya saben, si me invitan a una comida de navidad lo más seguro es que no me aparezca por ahí, y no es personal ni en contra de nadie. Mejor nos vamos a comer otro día a un lugar mejor y más agusto ¿no?

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