A lo largo de su existencia el ser humano se ha preguntado sobre el origen de las cosas, ha buscado explicaciones, y las ha encontrado en la medida de las posibilidades que su momento histórico le brinda y con la óptica que su ideología entiende como aceptable. ¿Cuántas teorías hay sobre el origen del universo, y de la tierra, y del hombre mismo? ¿Cuantas veces se ha descubierto que lo que se pensaba que era tan apegado a la realidad como para afirmarlo como un hecho estaba equivocado e incluso podría llegar a sonar como un absurdo? ¿Será entonces que la curiosidad por conocer de dónde vienen algunas cosas es tan grande, que aunque ya se tenga una respuesta es necesario seguir buscando? Bueno, pues en mi caso la curiosidad fue por descifrar de dónde carambas vienen tantos problemas que tenemos los mexicanos, y tanto desorden por todos lados, cuando menos en la ciudad de México, lo que me llevó a un buen número de “porqués”, de los cuales una buena cantidad terminaron siendo respondidos por la misma frase: “falta de respeto”.
En general, los mexicanos (y conste que estoy hablando de la generalidad, lo que no quiere decir que me refiero a todos) no respetamos nada, y entre menos respetemos nos sentimos más “chichos”, y además cuando alguien no nos respeta, o deja de respetar algo que nos compete, nos indignamos, y refunfuñamos porque “ese uei no sabe respetar” o “no están respetando nuestros derechos”. También dejamos de respetar por ignorancia, porque el conocimiento se ha vuelto un estorbo, y entonces ni siquiera el Reglamento de Tránsito leemos antes de ir a sacar una licencia de manejo (y entonces ¿cómo podemos respetar lo que no sabemos que dice?).
En vista de lo anterior, me di a la tarea de clasificar las faltas de respeto:
Primero: No respetamos lo que consideramos que está por debajo de nosotros.
Yo tuve el privilegio de cumplir con mi servicio militar encuadrado en el Segundo Batallón de Construcción del Primer Cuerpo de Ejército, allá en el campo militar número uno. Fue una experiencia muy, muy enriquecedora por muchas razones, sin embargo, hubo cosas que me dejaron un muy mal sabor de boca (además de las tortas de huevo y queso de puerco que le daban a uno en aquel entonces para desayunar). Un cierto grupo de personas movió cielo, mar y tierra para no cumplir con esa obligación. Y lo lograron. Tuve la oportunidad de platicar con algunos de ellos y decían que ellos no tenían por qué rebajarse a estar yendo todos los sábados tan temprano para terminar limpiando parques. La verdad es que no sé bien cuál fue el arreglo al que llegaron, ni con quién lo acordaron, pero no los volví a ver hasta el día en que nos entregaron las cartillas liberadas. También podría citar bastantes ejemplos de gente que con un “qué no sabes quién soy yo” o “no sabes con quién te estás metiendo” pretenden que el mundo les haga reverencias y tolere cuanta cosa decidan hacer por estar convencidos de que están en todo su derecho nada más por que ellos así lo creen. Seguramente te estará pasando por la mente algún caso de ese tipo, porque desgraciadamente son bastante comunes, y a ver, explíquenle a alguien así, prepotente, que no es ni más ni menos que el resto de la gente. Supongo que no es algo tan sencillo.
Segundo: No respetamos por ignorancia.
Como mencionaba por allá arriba, nos da flojera enterarnos o lo creemos innecesario. Hace unos años recuerdo haber visto en algún programa de televisión a una reportera que se dio a la tarea de preguntarle a los legisladores que si sabían qué decía el artículo 421 de la Constitución. Ninguno de los entrevistados supo dar una respuesta. ¿Lo pueden creer? Ninguno supo contestar que la Constitución, que tiene la legislación que ellos hacen, reforman, enmiendan y demás, no tiene tantos artículos. Me deja sin palabras. Ya puse también el ejemplo del reglamento de tránsito, y así podría enumerar otros tantos casos, pero creo que el punto queda claro. ¿Por qué si el reglamento del fútbol nos las sabemos para arriba y para abajo, corregimos a todos los árbitros en todos los partidos, no podemos cuando menos enterarnos de que hay ciertas reglas que debemos seguir para poder coexistir con el resto de la humanidad? Lo dejo sobre la mesa.
Tercero: No respetamos por negligencia.
Y porque nos vale. Porque “a mí me gusta fumar acabando de comer y al que le moleste que no respire” y porque “las reglas se hicieron para romperse”. ¿Qué entonces no hubiera sido más fácil, más barato y más práctico dejar que cada quién hiciera lo que la gana le dictara? ¿Es tan difícil hacer las cosas como deben ser? ¿Porqué no podemos respetar ni siquiera lo que decimos? ¿Qué necesidad de llegar al punto de que los cuentos de hadas y los discursos políticos tengan la misma cantidad de irrealidad y fantasía? Se ha vuelto tristemente común el decir lo que sea necesario para salir de alguna situación incómoda y que todo quede en palabras, tanto en un macrocosmos del tipo de un país, como en uno micro que puede ser entre dos personas. No respetamos ni lo que le decimos a nuestros amigos, maestros, alumnos, compañeros de trabajo, padres o pareja, por la razón que sea. ¿No es más fácil ser sinceros desde el principio y solo comprometernos a lo que sabemos que podemos cumplir?
Cuarto: No respetamos por que no nos conviene.
Aquí entra el delicadísimo tema del respeto a la ideología de los demás. ¿Cuántas veces no sucede que el que tiene el poder censura lo que tienen que decir los que piensan diferente? Y en todos los ámbitos, llámese laboral, político, social, religioso o académico. Por supuesto que el que está haciendo una crítica debe ser lo suficientemente prudente y sutil para no ofender, pero creo que la censura ya tiene unos cuantos siglos de ser algo obsoleto, caduco y digno de estar en los libros de historia. Todos nacimos y crecimos en un mundo pletórico de gente diferente, de gente que ve la vida desde puntos de vista distintos, y gente que tiene exactamente el mismo derecho que nosotros de pensar lo que se le de la gana. Corríjanme si estoy equivocado, pero desde mi muy humilde y mal informado punto de vista, creo que una buena parte de las guerras se hubieran evitado si se respetara la forma de pensar de los que lo hacen de distinto modo (y todas las demás con tan solo respetar a los demás países y los acuerdos internacionales). Además, ¿a quién le hace daño escuchar ideas diferentes? Es mucho más enriquecedor poner los prejuicios en donde no estorben y los oídos donde puedan llenarse de nuevas ideas, y luego construir las nuestras propias en lugar de tratar a toda costa de que nadie de los que están de este lado escuchen lo que los de allá dicen. Entonces sucede que como a mí no me conviene que a ti, disidente, te escuchen los que están acá, y tengo la manera de evitar que eso suceda, pues te callo la bocota. A todos, lo que nos conviene es SABER. Ya no hay lugar para la ignorancia, ni pretextos. Vivimos en la era de la información, y no debemos permitir que nuestro derecho de expresarnos y de conocer lo que el resto del mundo tiene que decir sea reprimido, por nadie y bajo ninguna circunstancia.
En fin… podríamos encontrar un sinfín de situaciones en las que un poco de respeto hubiera sido suficiente para no dar origen a disgustos, problemas, divorcios, golpes, plantones, sacadas de lengua y hasta guerras, y en verdad me parece que no es tan difícil empezar respetando para luego poder exigir (con todo respeto) que se nos respete también a nosotros. Piénsalo, medítalo, y ponlo en práctica. Yo ya empecé, y acá te espero.
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